Humanismo

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La inspiración de crear el Bachillerato Humanista Moderno

Desde su llegada a Salta en 1935 Monseñor Tavella observó la situación de la educación. En sus anotaciones personales registraba esta reflexión acerca de la crisis de formación de la dirigencia nacional y la focalizaba en su diócesis: “En cuanto a la juventud salteña, ésta me pareció perezosa, falta de reacciones, de poca formación intelectual y sólo confiada en el prestigio del propio apellido”.

Tavella advertía la necesidad de insuflar en Salta un factor de movilidad hacia la excelencia por un colegio que, desde su plan de estudios y desde su modo de funcionar, desarrollase la capacidad de razonar propia del ser humano. El Arzobispo consideraba que el esfuerzo nacional y provincial por la alfabetización y escolarización daba sus frutos, pero faltaba el esfuerzo por la calidad de los estudios: era “insuficiente la preparación de los secundarios de nivel corriente”. Esto marcaba el tono general en la población y no ayudaba a los jóvenes que quisiesen emprender estudios universitarios.

La creación del Bachillerato Humanista Moderno en 1952 como acción del Instituto de Humanidades no fue una improvisación. Primero formó los docentes, luego hizo una prueba experimental de enseñanza del latín en la escuela Benjamín Zorrilla para verificar la real posibilidad de dar esa enseñanza. Anunciando la apertura del bachillerato, Tavella escribió: “Natura non facit saltus”, la naturaleza no procede por salto, sino por desarrollos continuos; así explicaba cómo se llegaba a este punto después de los pasos anteriores.Después de comparar planes y modelos europeos, se decidió por el modelo del p. Cayuela, haciéndole algunas modificaciones. La base era la recuperación de la tradición humanista grecorromana y católica, que está en el origen de nuestra cultura, dándole un nuevo giro. Las letras, la historia, la filosofía, la teología se articulaban con la biología, las matemáticas, la física, la química y los idiomas modernos. Un papel central lo ocupaba también la Doctrina Social de la Iglesia, para desarrollar en los jóvenes salteños un sentido de responsabilidad social.

El estudio del latín y del griego clásico no tiene la finalidad en la lengua misma, no se trata de hablar o escribir en latín y griego (como sí, en cambio, en inglés o francés). Además del acceso a las raíces de nuestra lengua y de nuestra cultura, se trata de asimilar el ejercicio del razonamiento analítico y crítico. Era usual que, a la pregunta, tan frecuente en los alumnos, por “¿qué voy a hacer con el latín?”, la respuesta fuera la pertinencia de otra pregunta: “¿qué va a hacer el latín conmigo?”; se trata del paso de la visión utilitaria y pragmática a la visión formativa humanista. Son dos modelos pedagógicos diversos; Tavella consideraba que una pedagogía bien fundada remite al modelo humanista.

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